4.8.17

Daniel

Lee esto cuando menos lo merezca, recuerda que aún como estoy, te sigo amando y es verdad.

Lee esto cuando te haga llorar frente a una pantalla, recibiendo mis mensajes en silencio y aguantando los sollozos en la almohada, recuerda que es ahí donde te abrazo y escuchas mis latidos, donde te protejo y te juro que regresaré.

Lee esto cuando no quiera verte,  los días me serán más largos, y la angustia de no estar cerca de ti me estará matando cada segundo, pero por favor comprende que es mi orgullo sentado en la silla y necesito que me guíes de regreso.

Lee esto cuando no tenga piedad, te voy a lastimar mucho y conocerás un dolor que no sabías que existía, te dolerán músculos que no sabías que tenías y sentirás que estás muriendo. Pero estará bien, déjate sentir lo peor, abraza el dolor un rato hasta que te queme.

Lee esto cuando las madrugadas conozcan tu pena por mi culpa, cuando tu té se haya enfriado por estar discutiendo conmigo. Y ten en mente las veces que te dejé terminarlo antes de abrazarte para no derramártelo encima, porque soy un idiota distraído de movimientos pendejos, que no sabe a amar, ni abrazar.

Lee esto justo cuando vayas a desistir de mí. Eres mi fuerte, y aunque no lo exprese ni lo admita, te necesito ahora más que nunca. Recuérdame sosteniendo tus manos, arrodillado ante ti, viéndote a los ojos e improvisando una segunda declaración de amor.

Lee esto cuando te haga preguntarle a Dios "¿por qué lo dejas seguir en mi vida si sólo me está dañando?" Entre Él y yo sabemos que la respuesta es muy sencilla, y tu corazón demasiado grande.

Lee esto y acuérdate de los besos de reconciliación, cuando te hago reír con mi torpeza, o cuando te hago los moretones de los que nunca me hablarás por estar estrujándote con mi amor.

Lee esto cuando no te hable en horas, piensa en los versos de las canciones que te escribía por mensajes, imagina que nosotros fuimos la inspiración, que bailamos todo lo que quieras y yo no me quejo porque me gusta verte los brackets y los dos hoyuelos en tu carita cuando ríes.

Lee esto cuando te deje irte a dormir molesta, enojada, con la cabeza hecha un lío y la nariz mocosa. Cierra los ojos y remonta los momentos donde sólo existimos tú y yo, parados frente al otro, memorizándonos a nuestro tiempo, bailando las pestañas por todo nuestro rostro y más. Donde no hace falta tocarnos para sentirnos uno mismo, un sólo completo.

Lee esto porque no es para nadie más, y nadie más lo entendería como tú. Nosotros frente al espejo, aguantándome las ganas de llorar por sentirme tan afortunado del presente contigo en mi pecho, escondida entre mis brazos, y tu cabello en caída libre hasta el lunar de tu espalda baja.

Lee esto cuando no te pida perdón, y perdóname. Yo seré el que se queda con el alma inquieta, con mis pensamientos ahogándome y un sabor tan pesado que no seré capaz de tragar. 

Lee esto cuando de mi boca salgan serpientes y mentiras, cuando no piense lo que diga, 

Cuando sea cruel y utilice tus debilidades en tu contra. 

Perdóname, y abrázame.

Perdóname si te quemo, pero te prometo que yo sólo ardo por ti.


Perdóname si te entierro, pero te prometo que yo muero por ti.

17.9.14

Aslet

La vida envidiable de Anna, solo le recordaba a Elsa aquello que jamás podría tener.
Pero Anna no vivía de placeres y libertad, despertar todo los días con el tiempo en una mano sin tener a alguien con quién gastarlo. Desconocer la razón por la que tu hermana decidió alejarse de ti, ignorando tus vanos intentos por llamar su atención. La noticia de que tus padres no volverán de su viaje y que la única familia que te queda, ni siquiera se molesta en hacer acto de presencia ante el entierro de sus propios progenitores. ¿Qué se creía Elsa? ¿Qué era más importante para ella? ¿Qué la tenía tan cerrada al mundo? ¿Qué estaba pasando realmente con ella?
Anna vagaba siempre por los grandes pasillos del castillo, podía caminar con los ojos cerrados y no se toparía con nada…  pero este día, este día no le apetecía hacer nada, no había dormido bien durante los últimos días, la verdad no quería hacerlo, aún escuchaba sus voces como ecos susurrantes. La nostalgia se hacía más sólida con el pasar de los recuerdos, el miedo la dejaba sin aliento al meditar del futuro que seguiría su vida sin sus padres, sin hermana, sin amor. Probablemente se haría vieja en aquella habitación rosada.
Con sus ojos hinchados y oscuras ojeras, su cabello enredado y sus labios partidos, su cuerpo entumecido y sus pocas ganas por salir de la cama, ella seguía siendo preciosa. Porque así son las personas especiales, cuando las circunstancias ameritan ser fuerte pero no se puede ser más, son bellas hasta en la cúspide de la destrucción de uno mismo.
Ambas princesas sumidas en incomprensión, sintiéndose solas con la urgencia de un abrazo, alguna palabra de apoyo. El castillo comenzaba a ser muy grande para solamente dos princesas soberanas. Tenían reputación de ser un feudo débil ante los demás reinos, pero esto no era más que una idea errónea corrida por algún vecino prepotente al acecho del trono de Arendelle. Durante años las puertas se mantuvieron cerradas, custodiando a la heredera de los peligros del exterior y resguardando el pueblo del poder que poseía esta misma, solo Dios sabe lo que ocasionaría si Elsa perdiera el control fuera del castillo, fuera de sus aposentos.
Para Elsa la seguridad del reino era punto y aparte, si tanto miedo le tenían podían quedarse en sus hogares lejos de ella, algún día ella subiría al trono y podría controlarlos a su gusto. Cambiaría las reglas del juego que ellos mismos habían construido en contra de la heredera.
Cuando la noche oscurecía el día, una parte de Elsa se iluminaba, todo el castillo dormía, ni un alma se hacía presente y ella podía tener una fracción de libertad. Elsa corría por el salón del palacio liberando escarcha detrás de ella,  se detuvo al centro para acumular una bola de nieve que crecía entre su manos para luego impulsarla hacia lo alto creando una fresca nevada, en su palma cayó un diminuto copo de nieve delicado, límpido y hermoso ¿cómo podían temerle aquellos mediocres aldeanos? era una maravilla. Había infinidad de creaciones que se moría por hacer pero este lugar era demasiado represivo para alguien tan poderoso como ella, la Reina de las Nieves. Pero había un lugar dónde no había límites.
Kai la reprendería si no la encontraba dentro de las instalaciones del palacio, pero ya se había contenido en otras ocasiones y esta vez tenía que explotar todo lo que traía dentro, Kai de seguro ya iba por el 3er sueño, no sería problema. Titubeó por un momento, pero entonces dió un paso decidido y otro tras de ese, y otro más después de ese, caminaba con el corazón en la cabeza pero a paso firme sin voltear atrás ni por un segundo, sabía que si lo hacía cedería antes de negarse la idea de no acobardarse a salir fuera del castillo. Sin embargo ahí estaba un leve susurro de alguna voz conocida que clamaba por ser escuchada. Ensimismada en la emoción por lo que estaba por hacer a continuación no se dio cuenta que rumbo estaba tomando y ahora que lo meditaba había sido una idea estúpida tratar de salir por la entrada principal donde se erguían dos puertas enormes e imponentes y detrás de ellas había otras dos más impuestas por el rey en su deber como padre, proteger a sus hijas. Si no podía irse por la entrada, entonces tendría que buscar alguna otra salida, indudablemente Anna sabría por dónde ir. Aunque ni siquiera debería considerar esa opción, porque no lo era, esa idea no le pertenecía a ella sino a otra alma murmurante dentro de ella.

8.9.14

Aslet

Siento que mi corazón se encoge como yo misma. Aferrada a mis piernas con fuerza casi quebrándome los huesos.

No pienses, no sientas.

Elsa… sé que estás adentro, me han preguntado ¿a dónde fue?
que sea valiente, piden y traté, te vengo a buscar, déjame entrar…
Oh no puedo arriesgarme, la distancia es lo mejor, quédate a salvo,              muy lejos de mí, 
no te haré sufrir, ten compasión…
—Tú eres lo que tengo, solo escúchame, ya no sé qué hacer…
No sigas insistiendo, no me hagas recordar, no sabes que sucedió…
—… ¿Y si hacemos un muñeco?
Yo no puedo controlarme, no quiero volver a dañarte… vete ya.
Un ritmo acelerado choca contra mi pecho, duele.
Una leve nevada se presencia dentro de la habitación, yo cruzo los brazos abrazándome a mí misma, la puerta está congelada, también las paredes que se oscurecen con la escarcha de hielo adherida. Es imposible detenerlo, cada día se hace más fuerte matándome en pequeñas partes, sigilosamente hasta que no quede nada.
Las lágrimas han cristalizado la almohada durante la noche, del techo surgen afiladas estalagmitas brillantes, producto del desleír en la habitación que anteriormente estaba gélida.
Me siento en la cama tomando mi rostro entre la manos masajeando mi pesados párpados, lo que necesito hacer es cepillar mis dientes, lavarme, vestirme, peinar mi cabello, hacer la cama, tomar el desayuno, dar inicio a mis clases particulares…
No hago nada, no quiero hacer nada, mi cuerpo no está cansado, pero yo apenas puedo sostenerme en pie. Me libero de las sábanas y cobertores, cojo algo de leña que está al lado de la chimenea y la enciendo. Permanezco hincada frente al ardiente fuego, embelesada en su furor trato de enfocar alguna idea en sus brasas, pero estoy tan agotada. La llama arde, se extiende naranja y rojiza me incita a hundirme en ella, a danzar en su aura de poder, se balancea retorcidamente el núcleo procede a tornarse azul apenas una pequeña gota, estoy obligada a seguir viendo. La gota inquieta aumenta su tamaño ahogando los colores naturales en él. Mis pulmones se contraen y las inhalaciones se hacen pesadas, una fuego azul es todo lo que puedo ver, entonces blanco, gris… negro, una cresta negra. Observo dos finas líneas atezadas ligeramente curvadas hacia arriba en una masa pálida con desfiguradas puntas cubriendo sutilmente los arcos extendidos, una montañita al centro, y una curva carmesí más extensa por debajo.
Es un rostro.
Es mi rostro.
De mis palmas mi poder es expulsado con gran impulso y mi cuerpo se estrella brutalmente contra el soporte de la cama. Estoy desconcertada por unos segundos tratando de estabilizarme, yo conozco ese rostro, y no es exactamente mío, las cenizas se vuelven una extraña composición de hielo y cristales brillantes subiendo por encima del llar. Agotada me incorporo con dolor y me siento al borde de la cama respirando pesadamente, me siento asustada y nerviosa a flor de piel, me siento triste e impotente, totalmente espantada. Mi cuerpo oscilaba, necesitaba que dentro de mí la tormenta aminorara solo un poco, apenas un escaso punto de calma que me permitiera pensar por un momento, cierro los ojos a la opacidad somnífera de mis párpados desesperada por un poco de estabilidad pero las ideas corren vertiginosamente una tras otra, y no se detiene. Hay mucho escándalo en la habitación, corro en dirección al tocador tomando mi cabeza entre las manos como si mi cabeza pudiera explotar en cualquier momento, la puerta es inalcanzable, se aleja cada vez que estoy más cerca así que estiro mi brazo en su límite y consigo tomar el pomo, entro y azoto la puerta detrás de mí. Me quedo en el suelo totalmente desgastada por unos minutos y entonces tomo la ducha más larga de mi vida.
Entrar en el estudio del rey por primera vez, sin él ahí, es escalofriante… concéntrate, no sientas.
Tenía la urgencia por salir de mi habitación, el ambiente se tornó pesado dentro de ella y me era imposible estar ahí dentro. El segundo lugar más seguro para mí es el despacho de mi padre, pero el solo hecho de considerar entrar se me hace un martirio, él nunca tuvo miedo de tocarme pero yo sí a él y ahora lo único que anhelo es abrazarlo solo por un segundo, por una última vez. Apenas me doy cuenta cuando estoy frente a la puerta del que fue su despacho por años y lo único que hago es quedarme de frente a ella. Inhalo, toco la perilla, exhalo, giro la perilla. La puerta se me hace más pesada que de costumbre, pero desde que salí de mis aposentos el castillo se convirtió en muros asfixiantes, pasillos interminables, y condolencias de las personas asistentes y doncellas. Al entrar mi ceño se arruga al ver a una mujer sentada de espaldas hacia mí en el diván, lleva una coleta de recogido completo, tiene el cabello rubio casi decoloro y su blazer cobalto me resulta muy familiar, una idea golpea de súbito. Trato de acercarme con cautela, la mujer está durmiendo con una manta encima aferrada a un retrato.
Algo intenso palpita en mi torso, advirtiéndome. Alcanzo el retrato y lo tomo cuidadosamente, pero en mis actos trémulos la manta cae directo al suelo seguido de mi pulso cardiaco. Estoy dormida en el sofá y respiro, en verdad estoy ahí. Imposible. El retrato, en el estamos mis padres, mi hermana y yo. Lo dejó caer como si de fuego se tratara resguardando mis manos sobre mi pecho, entonces las observo y extiendo una de ellas directo a tocarme, mis manos están cortando la distancia poco a poco, a sólo un centímetro más, miedosas de lo que pueda pasar.
—Despierta —digo con voz queda.
Pero antes de tener a penas un roce de contacto conmigo, despierto súbitamente con la piel erizada y la respiración inquieta, la frazada sigue cubriéndome mientras estoy reclinada en el diván. Necesito algo de cordura por este día urgentemente. Me quedo sentada en el por unos momento más mientras reflexiono en lo que ha ocurrido durante la mañana y ahora, por más que le doy vueltas al asunto es inasequible no pensar que estoy volviéndome loca. Los actos anómalos que me han sucedido son completamente increíbles para ser verdad. Así que así se siente, luchar por todo lo que una vez deseaste fervientemente controlar, perder la batalla y por fin volverse loco.
Los siguientes días transcurren pesados, cada día se vuelve más difícil distinguir entre lo que imagino y lo que es real… no ha existido un día sin perder los estribos enviando témpanos de hielo instintivamente, o congelando al tacto. Estoy al borde de la locura, no puedo controlarlo.


16.8.14

Después de un tiempo

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende...
que el amor no significa acostarse
y que una compañía no significa seguridad.

Y uno empieza a aprender...
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende...
a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende...
que, si es demasiado, hasta el calor del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende...
que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale.

Y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quién es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados,
y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, 
muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, 
tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, 
porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen,
ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, 
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, 
añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo,
ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo.


"Después de un tiempo" "Aprenderás" "After a While" Obra con tres títulos, cuatro supuestos autores: William Shakespeare, Jorge Luis Borges, Veronica A. Shoffstall, Nadine Stair.



En mi libro de orientación me he topado de nuevo con este bello poema mientras realizaba los deberes. En esta ocasión ha llegado a tocar más a fondo mi alma. No se trata solamente de lo que habla, me hace recordar la primera vez que me recitaron la parte "así que uno planta su propio jardín..." y como aquella persona no está más conmigo. Me llena y me vacía.

Casi puedo verte de frente a mí cantándome de nuevo que 
no hay problema bajo el sol que no tenga solución.


1.8.14

Delirium


Título: Delirium
Saga: Delirium #1
Autora: Lauren Oliver
Editorial: SM
N° Páginas: 445
Precio: $279

Una vida sin amor es una vida sin sufrimiento: segura, medida, predecible y feliz. Por eso cuando los habitantes de esta ciudad del siglo XXII cumplen los 18 años, se someten a la intervención, que consiste en la extracción de la parte del cerebro que controla las emociones. Lena espera ese momento con impaciencia, hasta que un día se enamora... A nadie le gusta estar enfermo. Afortunadamente, en el siglo XXII los científicos han encontrado la cura para la pandemia que, durante milenios, asoló el planeta. Un delirio que se contagiaba más rápido que cualquier otra enfermedad, afectando a cientos cada día, y a millones al cabo del año. Era tan grave que, encontrada la cura, el gobierno decretó su administración a todos los ciudadanos, a partir de la mayoría de edad. Lena Haloway está emocionada. Lleva años esperando cumplir los 18. Por fin recibirá la cura, por fin vivirá sin dolor, de un modo predecible y feliz. Por fin hay cura para esa enfermedad llamada amor.
Ordinaria, común, del montón.

No me canso de repetírmelo, es la verdad y no me hace mal. Es solo que este libro me hace sentirme una persona única, Lena me recuerda que se puede estar sola y avanzar.

Yo tenía trece años y apenas desempolvaba el hábito de escribir que había abandonado desde un acontecimiento a los 7 años. Entonces llega este ‘fanfic’ muy bueno para ser verdad, que termina por darme la sorpresa de lo tonta que fui al creer que era un diamante en bruto. Cuando lo tecleé en el buscador universal me llegaron como bomba las palaras ‘Delirium — Lauren Oliver’ y oh maldita cabeza tan sumergida en la lectura que no daba el click en que no era una novela del seudónimo, era un libro real, y yo una idiota. Enseguida descargué mi epub para continuar con mi dichoso libro y aquí os va lo que sucedió.


Tienes que comprenderlo: yo no soy nadie especial. Soy solo una chica normal.
Mido uno sesenta y soy del montón en muchas cosas.
Pero tengo un secreto.


Si te enamoras, pierdes. Pierdes tu juicio, tu libertad, tus derechos, y tu vida. Tal como sucedió con los delirias, los que se resistieron a creer que el amor es un trastorno que se propaga a través de la música, los cuentos, representaciones, ideas, libros y lo peor de todo, las personas. Ellos terminaron por ser bombardeados. Después de la frontera no queda nada, nadie puede salir y nadie puede entrar.

Lena está bien con ello, confía en lo que siempre se le ha inculcado y anhela el día en que se le intervenga la cura contra la enfermedad. Para dormir por siempre, evitar sentir y llevar la vida con un nuevo apellido que no esté sucio. Entonces una sacudida estropea su evaluación, un guiño le eriza los nervios, un color se convierte en poema y una persona en el delirio prohibido. El mismo error que cometió su madre, el de enamorarse.

Y en ese momento sé por qué inventaron palabras para nombrar el amor, 
por qué tuvieron que hacerlo. Es lo único que sirve para describir lo que siento ahora, 
esta mezcla desconcertante de dolor y placer, de miedo y alegría, que me recorre apresuradamente.

Aventurarse en un clavado a mar abierto, eso hace Lena en el momento en que sus labios pronuncian Alex. Súbitamente se despierta con la verdad ante sus ojos, los inválidos no solo no están muertos, ellos están en todas partes dentro de la frontera y fuera de ella también. La cicatriz de Alex es falsa y ella está enamorada. Todo un sinfín de redes, cuestiones, batallas internas y mentiras, y lo único que Lena puede –debe– hacer, es correr. Su perspectiva ante todo comienza a tener un lente limpio y no el ciego que el gobierno intenta establecer.


Pero tengo un secreto. Aunque construyan murallas que lleguen hasta el cielo, yo encontraré la forma de volar sobre ellas. Aunque intenten atraparme con cientos de armas, yo encontraré un modo de resistir. Y hay muchos como yo ahí fuera, más de los que crees. Gente que se niega a dejar de creer. Gente que se niega a volver a tierra.

Luego está Hana su mejor amiga, la única de hecho. Hana tiene el espíritu de una cometa, puede volar lo más alto que quiera, pero siempre permanecerá atada al suelo. Conoció a Lena en el sanitario cuando la descubrió encerrada en un cúbiculo llorando… fue donde la acogió como si la conociera desde siempre. Lena más que nadie admira en todo a su amiga, no hay nada que ella no pudiera hacer bien, y es por eso que se siente tan afortunada de permitirle ser parte de su vida. Excepto correr, hasta Lena sabe que ella es más rápida que la rubia.


Mi mirada quedó fija a la nada al momento de leer “fin”. Sentía un bombeo que estaba por vomitar y los ojos me escocían. No sé si el libro me leía a mí o yo a él, y ninguno de nosotros lo esperaba. Me cuesta escribir sobre delirium porque lo que sea que yo pueda redactar no estará a la altura de lo que este libro significó para mí. Sí, puede que sea un buen libro, y puede que sea muy bueno, y puede ser que estoy sobrevalorándolo, o que fue totalmente trascendental. Y sigo cuestionándome, hasta este tiempo, después de haber pasado dos años conociéndolo, conociéndonos. ¿Qué se cree? llega a mí de la forma más estúpida y luego entra a desordenar la poca cabeza que tengo para quedarse acurrucado.

Me recuerdo cuando no podía dejarlo y me perdía recesos en la escuela o salir a pasear fuera del salón en horas libres. Pero quedarme me suponía un mejor consuelo, cada palabra me asustaba más. Gozaba mucho mi epub, hasta que comencé a hablar de él, no me agrada dar a conocer mis libros preferidos a cualquiera, pero de mi boca salían las palabras que yo no podía detener ni calcular, me daba cuenta ya muy tarde que le hablaba de mi libro especial a todo el mundo. Finalmente adquirí mi preciada copia que me supo a ¿dónde has estado toda mi vida? Después de una larga espera de no encontrarlo por ninguna librería en la pequeña ciudad donde vivía.

El libro jamás se hizo soso aunque suele ser más introductivo a la verdadera acción que viene con Pandemonium y Requiem. No obstante tiene su ración exacta de romance, historia, redacción, poesía, intriga, y acción. Un libro no termina de convencerme si no me adentra a su mundo, si no me crea a detalle real en dónde me estoy hospedando y con Delirium es no es problema. Para finales Lauren Oliver es cruel, desde Before i fall puedo afirmar que si lees a esta autora corres el riesgo de terminar con la angustia de que ha acabado y vos no estabas lista para dejarlo.



Es el color del cielo justo antes de la salida del sol; ese color pálido indefinido... No es realmente gris, sino una especie..., una especie de blanco, y siempre me ha gustado porque lo relaciono con la esperanza de que suceda algo bueno.





Excelente



17.7.14

La Emperatriz de los Etéreos


Título: La emperatriz de los etéreos
Saga: Autoconclusivo
Autora: Laura Gallego García
Editorial: Alfaguara
Nº Páginas: 312
Precio: 15,95
Cuentan que, más allá de los Montes de Hielo, más allá de la Ciudad de Cristal, habita la Emperatriz en un deslumbrante palacio...

Así comienza La Emperatriz de los Etéreos, la historia de un viaje y una búsqueda desesperada, que llevará a su protagonista mucho más lejos de lo que jamás había soñado.

Bipa no cree en los cuentos de hadas. No le interesa nada más allá de las cuevas donde vive su gente. En cambio, su amigo Aer, el hijo del extranjero, parece que cada vez se aleja más de la realidad y va dejándose absorber por el brillo de la estrella azul... donde dicen que vive la Emperatriz de los Etéreos. ¿Por qué quiere partir si en el exterior sólo hay hielo y, al parecer, lo único que se encuentra es la muerte?
Bipa y Aer no pueden ser más contradictorios.
Bipa dice vete, Aer se queda.
Aer dice quédate, Bipa se va.

Para ser una obra de Laura Gallego es lectura muy amena, pero si sabéis digerirla podés darte cuenta que cada página lleva esa clave-joya que te va haciendo tocar fondo. En lo personal, este tesoro me ha hecho viajar y sentirme parte de la historia, parte de Bipa. El personaje más determinado del que he leído, defiende sus ideales firmemente, si cree en algo, es casi imposible hacerla cambiar de parecer… cualidad que adoro de ella.



Bipa representa el viaje del cambio, de madurar, sacrificar y la superación personal. 
Aer. La meta, la razón para seguir, el propósito de seguir arriesgando.
El reino Etéreo, aquello tan sublime, la perfección.




A la corta edad de la juventud, Bipa no es como las demás adolescentes de las cuevas, mientras aquellas se preocupan por las miradas de los chicos, sonrojarse y coquetear, la responsable y trabajadora Bipa siempre buscando en que ocuparse vive muy cómoda en las cuevas, siguiendo su rutina día con día, no piensa que haya nada mejor. Pero siempre anda por ahí y por allá el querido Aer con su centro de temeridad que le insiste a Bipa creer el en cuento de la Emperatriz, que está decidido a ir por el sendero de los que jamás han regresado porque él es un fiel creyente del Reino Etéreo.

Nada es más agradable para un lector que imaginarse con detalle los paisajes, y es que hasta podía sentirse el frío de los montes de hielo, como también sufrir junto con los personajes (que ninguno falta ni sobra). Uno de los ámbitos que ganan mi atención, es el carácter que tiene Bipa respecto a Aer, no creo que si le importara un bledo se hubiera tomado la molestia en ir tras él, considerando todo lo que arriesgó, y para lo que a muchos de nosotros es obvio, ella se niega a aceptarlo rotundamente. He aquí un factor importante, Bipa decide ir por él justificándose a sí misma y a los demás de que si no lo hace ella, nadie más lo hará.




Ningún problema asintió Bipa. Ya he dejado atrás todo lo que amo.
Salvo a aquel a quien pretendes encontrar.
¿Aer? Bipa se rió. Él no es tan importante para mí.
Y, sin embargo, has llegado muy lejos en su busca observó Lumen.






Cuando conoce a este querido amigo Nevado, el libro se torna más emotivo. Se trata de un gólem de nieve deforme que le es fiel a Bipa y la sigue incondicionalmente para donde quiera que vaya, incluso aunque sea peligroso para él. La guerra interna de Bipa durante (y desde antes) el viaje, dura por todo el libro, poniendo constantemente a prueba el compromiso con su misión y su personalidad hasta el punto culminante… a lo largo de toda la travesía no deja de maldecir a Aer, más sin embargo, sin apenas enterarse, Bipa está cambiando.

Había algo en el cielo, una esfera azulada, clara y fría que emitía un pálido resplandor. Estaba lejos, muy lejos; sin embargo transmitía una sensación sobrecogedora, como si fuese un ojo de hielo que los contemplase desde la lejanía.
—Parece un trozo de cuarzo gigante —comentó Bipa en un susurro.
Aer volvió a la realidad.
—No —dijo—. Es mucho, mucho más puro.


Como yo me emociono mucho en los finales y comienzo a avanzar más rápido, se me escapan algunos detalles y tengo que volver a leerlo hasta enterarme de todo y asimilar que terminó. Disfruto mucho de las distopías y leer de las aventuras que no puedo tener, y para más, tengo la “ligera” devoción por lo infantil. Usualmente para cuando termino un libro que me ha gustado mucho inconscientemente le encuentro una canción que va perfecta (a mi parecer) con la historia, poniendo atención a la letra...




No obstante me hubiera gustado que Bipa y Aer interactuaran más, es un libro a la altura de la creatividad y originalidad que conforman a Laura Gallego.
No sé qué es lo que hacen algunos libros para llegarte hasta el alma, y en mi caso solo hay dos libros (por ahora) que releería hasta la muerte. Existe ese espacio en tu vida para cada libro, y este ha llegado en el momento justo.

Vivir la vida, eso no tiene precio. Quien no haya pasado nunca frío no apreciará el valor de una hoguera. Quien nunca haya llorado no disfrutará de los momentos de risas. Quien no haya pasado hambre no valorará un plato de estofado caliente. Quien no conozca la muerte no sentirá amor por la vida. Los etéreos pierden la capacidad de sentir, de emocionarse. Eso es lo que nos hace amar la vida. Los etéreos buscan una existencia sin límites y, al mismo tiempo, renuncian a las cosas que valen la pena. Serán eternos, sí. Pero estarán eternamente vacíos. Tú lo sabes. Presumes de no sentir necesidades corporales, pero me has robado un beso. Solo para tratar de recordad qué se sentía al besar a una mujer.


Etéreo